EDUARDO BALIARI

Hace un tiempo apareció en nuestro ambiente un grupo que bajo la dominación
“Del Domingo”, reunía a cinco pintores enrolados en la llamada pintura ingenua.
Se trata de
Juan Carlos Bonadeo, Ana María Cenzato, Alejandro Costas, Horacio Ponce e Ileana Rabín,
que sólo responden a ese tipo de pintura sin que sea necesario
ni una modalidad común
que los identifique en compromisos dogmáticos de “grupo”,
y sólo atendiendo a la absoluta libertad diferenciada de cada uno de ellos.
Ahora lo vuelven a hacer en la Galería Pozzi -Santa Fe 1326- y reiteran el espectáculo fundamentado en la personalidad y perfección de sus maneras,
de un aleccionador empeño en alcanzar -y lo logran en amplitud- ese estado de gracia en que se dan cita el oficio y la fiesta de sus motivos.
Se descubre, en su beneficio, que no hay relación obligada de temas o maneras técnicas.
Y esa es quizá la justificación para este tipo de arte
que no obliga a ninguna confrontación con las escuelas llamadas modernas
ya que viene imponiendo su libertad actualizada
a través de toda la historia del arte.

Y si bien sus oficiantes han proliferado en nuestro medio
no sin mucha justificación vocacional,
la autenticidad de estos cinco artistas reivindica una expresión que así siempre será novedosa.


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