" No es del todo fácil definir la pintura
de Costas como naive o ingenua.
Es, antes que nada, pintura,
cuyas motivaciones y cuyas expresiones responden, de a
ratos,
a lo que se estipula como Naïf,
pero que tampoco lo hacen con absoluta sujeción.
Sus cuadros son muy elaborados, saben de recursos
técnicos
(composición y perspectiva, en primer término),
y son diestros, sumamente diestros, en la utilización
del color,
que cumple aquí, acabadamente, con las funciones
de un valor.
Alejandro Costas tiene a su favor la fresca facultad
de crear imágenes hermosísimas, originales,
manifestadas con gran pureza ingénita.
Pinta el mundo poetizándolo, no se alambica ni
empalaga,
y es dueño, en particular,
de esa ternura del corazón que es sustento y raíz
de los ingenuos,
que los distingue y singulariza".